Nueva Generación del Folklore

Un encuentro con las nuevas expresiones culturales

RODOLFO WALSH, VICTIMA DE LA ÚLTIMA DICTADURA ARGENTINA

Rodolfo Walsh, periodista militante asesinado en 1977

Rodolfo Walsh, periodista militante asesinado en 1977

El 25 de marzo de 1977, un día después de fechada su Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar, fue asesinado por un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada. Su compromiso político marcó el hito del rol del intelectual involucrado con su realidad.

“Nuestras clases dominantes han procurado que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas” Rodolfo Walsh

Rodolfo Walsh fue un hombre que se ganó la vida como traductor, vendedor de antigüedades, esporádico escritor, dramaturgo, novelista, inquieto periodista, poeta, y militante comprometido. Un Rodolfo Walsh que en 1955 vio con buenos ojos el derrocamiento de Juan Domingo Perón hasta darse cuenta de lo que en realidad estaba pasando; que viajó a La Habana para ser uno de los primeros hombres en formar la mítica Prensa Latina donde discutía entre mate y mate con Ernesto Che Guevara. Volvió al país y comenzó a desplegar una activa militancia en la izquierda peronista en un contexto de dictaduras. Fue asesinado y desaparecido por un Grupo de Tareas de la Esma.

En todos los libros publicados de y sobre Rodolfo Walsh, citan su nacimiento en Choele Choel, pequeño pueblo de la provincia de Río Negro. Sin querer, hasta la fecha, todos han incurrido en un error: Walsh nació en el pueblo de Lamarqué el 9 de enero de 1927, constatado por el juez Pedro Hilderman, figurando como testigos el comerciante José María González y el comisario Antonio de la Rosa. El pequeño error se debe a que Lamarqué, ciudad fundada en el año 1900, fue reconocida con ese nombre recién en 1947 por el Decreto 11.593. Hasta el día en que Alcira Zuain asistiera a Dora Gil en el parto de Rodolfo Walsh, el pueblo era conocido como Colonia Nueva del Pueblo Choele Choel. Efectivamente, a 19 kilómetros de allí se halla el pueblo de Choele Chole, ubicado al igual que Lamarqué, en el Valle Medio de Río Negro.

“La máquina de escribir, según como la manejás, es un abanico o es una pistola” Rodolfo Walsh

La Carta Abierta a la Junta

“Cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de los intereses foráneos, cuál es la ideología que amenaza al ser nacional” Walsh, a los dictadores

A la hora de leer este riquísimo documento, lo más público y conocido son las denuncias de Walsh sobre las violaciones sistemáticas a los derechos humanos y las desapariciones de miles de argentinos, siendo la carta, una sintética y compacta investigación.

Pero poco se habla de la denuncia política económica. Walsh desenmascara en esta carta al Departamento de Asuntos Exteriores de la Policía Federal becados por la CIA a través de la USAID (Agencia de Desarrollo Internacional), que respondían a Gardener Hathaway, jefe de la Estación de la CIA en Argentina. Denuncia además “la miseria planificada”: la reducción del salario en un 40% por parte de la Dictadura, triplicando la cantidad de horas que un obrero tenía que trabajar para alcanzar la canasta básica familiar, superando el hasta entonces récord de desocupación llevándolo al 9%, la disminución del consumo de alimentos en un 40% y de ropa en un 50%, un encarecimiento desmedido de la medicina que elevó en el Gran Buenos Aires la mortandad infantil al 30% igualándonos “con Rohdesia, Dahomey o las Guyanas”, baja del PBI en un 3%, inflación del 400% y una deuda externa de 600 dólares por habitante, mientras que “se elevan los propios sueldos militares un 120%, prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y la muerte”. Además, un aumento del 722% en los precios de la producción animal en beneficio de la Sociedad Rural, la desnacionalización de bancos para entregarlos a extranjeros, y “rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur, y desocupación en la Argentina”.

Dispara Walsh además que la política económica “sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, a la nueva oligarquía especuladora y a un grupo selecto de los monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la US Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el Ministro Martínez de Hoz”.

La segunda mitad de la Carta Abierta es tan importante como la primera que denuncia el genocidio y al terrorismo de Estado, particularmente porque esa aplicación del neoliberalismo influirá sobre la espaldas de los argentinos durante décadas.

La muerte de Walsh

“Qué cagada que Walsh se nos murió. No respetó la voz de alto y le tuvimos que tirar” Juan Carlos Coronel, represor

“Lo bajamos a Walsh en una cita en la calle. El hijo de puta se parapetó detrás de un árbol y se defendía con una 22. Lo cagamos a tiros y no se caía el hijo de puta” Ernesto Weber, represor

El 25 de marzo, Walsh llegó al mediodía a la estación de trenes de Constitución luego de salir de su casa en San Vicente. Tenía dos reuniones. No llegaría a ninguna: a las 13:30 horas fue cercado por un grupo de tareas entre las avenidas San Juan y Entre Ríos. Sabiendo que no podía entregarse vivo, sin esperanzas de salvarse del enfrentamiento, Walsh desenfundó una pistola 22 para obligarlos a dispararle.

En el fallido intento de secuestro, Alfredo Astiz, el mismo que infiltrara a las Madres de Plaza de Mayo, tenía la orden de “taclear” a Walsh, ya que el marino era jugador de rugby, además de asesino. Los otros integrantes de la patota que cercó a Walsh fueron Jorge “Tigre” Acosta”, Jorge Rádice, Antonio Pernías, Enrique Yon,  Juan Carlos Rolón, Pablo García Velazco, por la Marina; el prefecto Héctor Antonio Febres, Carlos Orlando Generoso, del Servicio Penitenciario Federal, Julio César Coronel, del Ejército, y por la Policía Ernesto Frimon Weber, Roberto González, Juan Carlos Linares,  Pedro Salvia y Juan Carlos Fotea, quien escapara a España.

Fue visto por última vez en la ESMA, con su pecho cortado al medio por una ráfaga de metralla.

 

 

  

 



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